¿Tienes el Potencial? por María M. Rivera

La Gran Aventura de Enseñar Catecismo de Escuela Superior

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Fue hace 10 años, pero parece que fuera el año pasado cuando me ofrecí como voluntaria para enseñar una clase de catecismo de décimo grado. Tenía experiencia enseñando Matemática, pero sabía que enseñar religión sería completamente diferente. Lo mío eran las fórmulas. Una clase de 10 alborotosos adolescentes llenos de preguntas profundas era algo fuera de mi subconjunto, bastante fuera de mi zona de comodidad. Y con una estatura de 4 pies 11 pulgadas, mi presencia física no sería lo que me daría la ventaja. Con mano nerviosa escribí en el pizarrón "A Dios no se le engaña y tampoco puede El engañar". Escuche una risa burlona, no estaba segura por qué. Escondiendo mi nerviosidad me enfrenté a ellos y les pregunté: "¿Desde cuándo son Católicos?" Después de unas cuantas miradas asombrosas una joven confesó: "Pues creo que ya van como 15 años." Un poco en broma, un poco en serio le dije con una pizca de sarcasmo "Ay, pues entonces deben conocer muy bien su fe". Así comenzó mi aventura.

Tuvimos un gran semestre; algunas clases fueron mejores que otras. Yo no era la catequista perfecta, y ellos tampoco eran estudiantes perfectos todo el tiempo. Pero, hablamos de nuestra fe, y eso para mí fue un gran comienzo. Entonces ya cuando el semestre terminaba recibí una noticia inesperada. El Director de Educación Religiosa había renunciado. Yo, por carencia, quedé a cargo del programa. La noticia se regó como el viento entre los párrocos. De repente, personas que ni conocía se me acercaban después de la Misa y me saludaban con gran entusiasmo diciendo cosas como: "¡Que valiente eres!", "¡Yo nunca podría hacer lo que tú haces!" y "¡Dios te Bendiga!" Yo no estaba segura si me felicitaban o me advertían de un gran peligro o si tal vez yo les daba pena. Llegué a pensar: "¿acaso ingresé a la Marina? Así me sentía, como si hubiera ingresado en las fuerzas armadas y desplegaba pronto, o como si me estuvieran enviando a algún país lejano y desconocido en misión de caridad, un lugar donde corría el peligro de ser comida viva por salvajes.

Yo podía percibir que había cierto grado de guerra espiritual en mi alma, y es que en muchas maneras el enseñar adolescentes es un esfuerzo misionero, ciertamente es un acto de misericordia. Cada vez que oro por mis estudiantes, y humildemente me doy cuenta de la responsabilidad ante mí recuerdo a Jesús mirando a su gente y sintiéndose apenado por aquellos que no tenían pastor. Pero la escritura que continuamente me inspiraba era de Romanos 10:14 "Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?" Ciertamente yo no era pastora ni predicadora, para mí simplemente esto era una gran y emocionante aventura. Sin embargo, cuando intenté reclutar a otros, me encontré con una gran pared de silencio. Claro, recibí muchos ánimos y promesas de oraciones, pero eso fue todo. Nadie se ofrecía de voluntario para ayudar a esta catequista solitaria. El programa de catecismo de escuela primaria y el programa de deportes de la parroquia estaban prosperando, pero el programa de religión de escuela superior estaba suspendido por un hilito, el hilito de esta vaquera solitaria.

Encontré que era más fácil compartir las buenas nuevas del Evangelio con los adolescentes que compartir noticias sobre ellos con otros. Comencé a preguntarme ¿qué se requiere para ser catequista de estudiantes de escuela superior? Hice una lista de talentos y cualificaciones y las compartí con los padrinos, padres y amigos. Mire usted bien esta lista y considere si esta maravillosa vocación evangelizadora es para usted, ya sea por un año, un semestre, como acompañante de actividades o aún como substituto.

En el salón de clases:

Siga el currículo. La mayoría de los libros son bastante organizados e incluyen actividades para el salón de clases. Siempre puede añadir sus propias actividades dependiendo en su estilo y lo que quiere que sus estudiantes recuerden. Por ejemplo, leer un Salmo antes de cada lección, compartir un chiste, compartir una historia de fe de su vida personal, o leer un resumen de la vida de un santo. Sea lo que sea que decida añadir, sea consistente, hágalo su marca personal.

Sea consistente. Los adolescentes necesitan estabilidad. Mantenga la misma estructura durante la clase. Por ejemplo: Oración; anuncios; tema de la lección; discusión abierta; oración final y peticiones. Si tiene una estructura fija sus estudiantes sabrán que esperar y apreciaran cuando los sorprenda con regalos especiales como: "clase afuera", "noche de película" o "¡helados!".

Sea organizado. Mantenga sus libros, papeles y cuaderno de calificaciones y asistencia todos juntos. Ser y mantener la apariencia de ser organizado es una parte perspicaz pero importante y puede dejarle saber a sus estudiantes que la clase de catecismo ES importante. Esto incluye vestirse bien. No hay que usar gabán o traje de salir, pero al menos una chaqueta o blusa decente, nada de "jeans" o sudaderas. Si eres catequista nuevo vale la pena practicar antes de tiempo, esto calmará tus nervios cuando realmente cuente. Mi primer semestre enseñando tomaba tiempo adicional para practicar antes de cada clase, repasaba mis notas y trataba de prever preguntas. Esto me ayudó inmensamente en controlar el flujo de la clase y me dio gran confianza en mí misma.

Establezca reglas. Comience el año declarando claramente sus expectativas y reglas en el salón de clases. La decencia común y el sentido común a veces se tienen que explicar y deletrear claramente. Reglas simples como: levantar la mano antes de hablar, esperar a que se le llame antes de hablar, o no reírse de los demás parecen cosas obvias, pero vale la pena expresarlas abiertamente. Aún pensar antes de hablar puede establecer el tono de la clase.

En su vida personal:

Sea una persona de oración. Lo más maravilloso sobre los adolescentes es que ellos pueden reconocer si eres una persona genuina o falsa. Te mantienen alerta en tu vida espiritual. Si dedica tiempo para la oración crecerá en determinación y fortaleza, también aumentará su paz. Yo dedico una hora de adoración los sábados para mi clase del domingo. Es cuando recibo las mejores ideas que ayudan en mi clase. Lo más importante es que puedo orar por mis estudiantes.

BSea compasivo y esté visible. ISi conoce de algún juego, drama, sinfonía en la que sus estudiantes están participando, vaya; muestre su apoyo o traiga a su familia. Entonces menciónelo en la clase la próxima vez. A los estudiantes les encanta saber que otras personas además de sus padres los apoyan en sus buenos esfuerzos. Esto también crea cierto respeto por parte de sus estudiantes.

No tenga miedo a la verdad. Algunos temas difíciles sobresalen durante las lecciones. El sexo, las drogas, el divorcio, la homosexualidad; los adolescentes quieren hablar de todo. Esta tal vez es la razón por la cual tantas personas evitan enseñar catecismo de escuela superior como si fuera una plaga en tiempos de Moisés. Es importante recordar que no enseñamos nuestra opinión, ni preferencia política o problemas personales. Enseñamos lo que enseña la Iglesia y eso lo hace fácil. Pero quiere decir que sí, -tiene que saber lo que enseña la Iglesia. Refiérase al Catecismo de la Iglesia Católica si es necesario, durante clase, antes o cuando está planificando las lecciones.

Tenga Confianza Total en Dios y Su Iglesia. La consistencia entre palabras y acciones será un gran testimonio para sus estudiantes. Si tiene confianza total en Dios y Su Iglesia, esto será evidente. Si no es así: esfuércese, abandónese a Dios. Le puedo asegurar que sus estudiantes aprenderán de su actitud. Una vez saben que Dios en un Dios justo y misericordioso, y que su Iglesia es una madre acogedora y comprensiva; entonces no importa cuán lejos se alejen en el futuro sabrán muy bien que la Iglesia es su hogar.

Hay una gran aventura en progreso, ¿te unirás a ésta? Pregunta a Dios en oración, y responde sin miedo: ¿Tengo el potencial para ser catequista de escuela superior?

Bio

María M. Rivera es una intérprete que escribe en una variedad de temas. Además de ser bilingüe (Español <> Inglés) también estudia italiano y comunicaciones técnicas. Originalmente de Puerto Rico, ahora reside en Wauwatosa, Wisconsin. María participa activamente en su parroquia, San Florian en West Milwaukee, Wisconsin donde sirve como voluntaria enseñando catecismo en preparación para el sacramento de Confirmación. Articulos publicados incluye: "The Many Marys of Latin America" (2000); un articulo publicado por The Catholic Herald; "Fatima by the Lake" (2002) y "Carmelite Ascent in Wisconsin" (2002); ambos fueron publicados por National Catholic Register. También, "The Gift of Aunthood", publicado por Canticle Magazine (2001), entre otros. María M. Rivera es graduada de Cardinal Stritch University, con un bachillerato en Matemáticas lo que considera 'otro lenguaje'. María es miembro de Midwestern Association of Translators and Interpreters; Catholic Writers Guild; Amici d'Italia; y St. Florian Adoration Choir.