Retiro Espiritual. Un Deber para el Catequista

Retiro Espiritual. Un Deber para el Catequista.

Por María M. Rivera

 

Todo catequista ha planificado, asistido o acompañado un retiro o dos, o tal vez más. Yo, personalmente, he perdido la cuenta. Al menos dos veces durante el año escolar me siento con la directora de educación religiosa a hacer llamadas, colectar dinero, rogar por chaperones, empacar jóvenes en un bus o dar direcciones para llegar a ese lugar remotos donde los jóvenes puedan tener una experiencia de Dios.

 

Alejados de su rutina, con sus iPods y teléfonos apagados, con un poco de oración y algo de meditación, los jóvenes siempre encuentran como fácilmente abrir sus corazones al poder del Espíritu Santo. Siempre le dicen al párroco, que el retiro fue la mejor experiencia del ano de confirmación. Y yo siempre les digo que deben hacer esto por su cuenta, reunirse con algunos amigos e ir en peregrinaje, cuando sea que sientan la sed de Dios.

 

Pero como catequista, yo encuentro muy poco tiempo para seguir mi propio consejo. Irme en retiro personal en el medio de itinerario tan ocupado como el mío parece una tarea imposible. Ustedes saben muy bien de lo que hablo. Y, antes de darnos cuenta, nuestra fuente de devoción se hace un chorrito, y lo que antes era un corazón lleno de fervor se convierte en tierra seca. Arrastramos los pies a la clase, se nos acaban las ideas. Necesitamos beber de Dios.

 

Después de una exhortación de mi hermana, quien después de escuchar mis penas subió las cejas y susurro “Tú tienes que ir a un retiro”, entonces me decidí. Saque cuatro días libre del trabajo – un lujo reservado para vacaciones de playa -, empaque una pequeña valija y subí al avión rumbo a Ohio camino al convento de clausura de las Hermanas de la Visitación, para un retiro de silencio. Sin iPods, sin teléfono, ni televisión, ni radio.

 

Allí en el calor del abrazo entre María e Isabel encontré mi espíritu otra vez, no como catequista, sin pensar ‘oh, voy a usar esto en una de mis lecciones’, pero como hija de Dios, deseosa de descansar en Su pecho para escuchar Su Corazón vivo. Claro, reserve una tarde para orar por todas las intenciones que e antemano había escrito, pero el resto del tiempo fue para mí. Ore por mí. Fui egoísta, solamente Jesús y yo. Nada de ser una ‘Marta’. Fui María escuchando cada una de sus palabras; fui Magdalena limpiando Sus cansados pies; fui Pedro llorando de pena mis pecados; fui el adolorido discípulo escuchándolo hablar de camino a Emaús. La alegría del Espíritu Santo resucitada en mi, fue sutil y fuerte.

 

Tal vez un retiro de silencio no es para todo el mundo, pero el punto es este: Vayan a un retiro espiritual. Tú y la Santa Trinidad. Háganlo por ustedes, dejen el mundo atrás y beban de Dios, beban su agua viva otra vez. No se arrepentirán. Si quieres ser un catequista eficaz y ser confirmado en Cristo, te tengo tres palabritas: Retiro Espiritual. ¡Hazlo!

María M. Rivera is a Spanish Medical Interpreter who writes on diverse topics. Besides being bilingual (Spanish <> English) she also studies Italian. Originally from Puerto Rico, she now resides in Wisconsin. She is an active member of St. Florian Parish in Wisconsin where she volunteers as a Confirmation catechist. Her published articles include: "The Many Marys of Latin America" (2000), an article published by The Catholic Herald; "Fatima by the Lake" (2002) and "Carmelite Ascent in Wisconsin" (2002); both which appeared in National Catholic Register. And, "The Gift of Aunthood", published by Canticle Magazine (2001), among others. María M. Rivera graduated from Cardinal Stritch University, with a degree in Mathematics, which she considers 'another language'. María is a member of American Translators Association; Catholic Writers Guild; St. Florian Christian Formation and St. Florian Adoration Choir.