Nueva Vida para el Ministerio de Juventud
By Nolan Reynolds
October 13, 2009
Nueva Vida para el Ministerio de Juventud
Por Nolan Reynolds
La Muerte del Grupo de Jóvenes
Cuando estaba en el 7mo grado mi madre pasó por una fase en que me
animó a unirme al grupo de jóvenes de nuestra parroquia local. Yo
estaba muy familiarizado con la iglesia. Después de todo, desde que
tenía memoria recuerdo que mis padres me habían estado arrastrando allí
cada domingo. Aun así la idea de perder el viernes en la noche en un
salón de la parroquia con un montón de chicos extraños y adultos de la
edad de mis padres, no era algo que me emocionaba. Le dije a mi madre
que no quería ir, y fui muy firme en mi resolución. “Pero juegan
baloncesto y comen pizza” me explicó ella.
Como muchos chicos de escuela intermedia, el jugar baloncesto y comer
pizza eran dos de mis actividades favoritas. Así que como por 30
segundos consideré asistir, basado en ese último anzuelo que mi madre
me tiró tan desesperadamente. Pero entonces regresé a mis sentidos.
“Puedo jugar baloncesto cuando quiera. Tengo un canasto afuera. Y de
todas maneras el viernes es el día en que comemos pizza como familia.”
Mi respuesta sangrona me ameritó una cachetada a la cara, pero mi
análisis era correcto. La verdad es que el grupo de jóvenes no tenía
nada que ofrecerme. Tenía amigos, así que no necesita un nuevo lugar
donde conocer gente nueva. ¿Entretenimiento para el fin de semana? Yo
también tenía mi propia fórmula para eso - un montón de películas,
viajes al centro comercial, correr en bicicleta y quedarme a dormir en
casa de amigos. El punto de la parroquia de jugar baloncesto y comer
pizza era algo demasiado ordinario, y no iba a cambiar mi rutina.
Por años una parroquia Católica podía extender su mano a los jóvenes
reuniéndolos en un sólo grupo de oración, hermandad, charlas y
actividades sociales. Pero en algún punto este medio perdió su
frescura. La asistencia a la Misa disminuyó y la gente se despidieron
de la iglesia, al igual lo hicieron sus hijos. El mundo alrededor se
hizo más atractivo, más emocionante y mucho más como “casa”. Los
jóvenes encontraron otras maneras y lugares donde pasar el tiempo.
Hasta este día, sin embargo, hay muchas parroquias que siguen usando
este mismo formato de grupo de jóvenes y no pueden creerlo cuando
solamente 5 o 6 jóvenes se presentan. Hacen su llamado anual,
secuestran las Misas los fines de semanas para hablarle a la
congregación sobre las cosas que los jóvenes están haciendo. Hacen
bellas páginas en el boletín para describir toda la diversión que se
están perdiendo aquellos que no participan. Entonces esperan a que un
montón de jóvenes entren por las puertas del gimnasio. El problema es
que, los únicos jóvenes en la Misa son los 5 o 6 jóvenes del año
pasado. Las abuelitas leen el boletín pero ellas están un poquito
pasadas de la edad requerida para participar, y los que no quedaron
cegados por los brillantes colores del anuncio en el boletín,
simplemente le dan una ojeadita y lo tiran. Ya tienen planes para la
noche del viernes.
Algunos líderes de jóvenes han escogido sufrir, estableciendo un patrón
que año tras año los llena de decepción. Otros se han convencido del
mantra que es “calidad y no cantidad” y han quedado satisfechos con los
pequeños grupos libres de estrés. Otros aun se han agotado, hartos
deciden irse. Ninguna de estas respuestas ayuda a los que importan –
los jóvenes.
Mi parroquia tiene registrado como 1300 estudiantes del 7mo al 12mo
grado. Ni yo, ni nadie en el ministerio de jóvenes conoce a un cuarto
de ellos. Es una inquietud seria. Hay miles de jóvenes Católicos
bautizados y confirmados viviendo en nuestras comunidades que no han
puesto ni un pie en la iglesia, ni en su propiedad desde que recibieron
el Espíritu Santo en esas dos ocasiones. Son salvajes, están
confundidos y bombardeados por los medios de una cultura secular que
desafía la moralidad y trata de despojar cualquier sentido de religión
del mundo. Y el remedio de la parroquia – el grupo de jóvenes – ya no
es eficaz.
En ese rango de jóvenes registrados en la parroquia hay múltiples
niveles de madurez y espiritualidad. Cada joven viene de un mundo
diferente con experiencias y perspectivas únicas. Tienen sus propios
intereses, pasatiempos y opciones de vida. Sin embargo lo que no
cambia, es que cada uno de estos jóvenes tiene la necesidad y deseo de
ser amado. El Cristiano sabe que este anhelo es de Dios, y El es la
mayor fuente de amor; es el único que nos puede satisfacer. Los grupos
de jóvenes asumen que los jóvenes ya saben esto, pero ya han pasado
generaciones buscando a Dios en lugares erróneos.
Lo que propongo es seguir el ejemplo de Cristo, de ir afuera y extender
la mano a la gente allí donde se encuentran. Tenemos que dejar de
asumir que los jóvenes nos están buscando y retarnos a nosotros mismos
a entrar la guarida de los pecadores. Si realmente nos importan debemos
comenzar a actuar como ellos. Debemos salir, encontrarlos y entonces
invitarlos personalmente a seguirnos. No hay ningún ministro de jóvenes
en este planeta que tenga el carisma y presencia de Nuestro Señor, pero
vamos a quedar sorprendidos por las reacciones de los jóvenes si
comenzamos a mostrar el mínimo interés en sus vidas.
En esta columna, espero poder discutir maneras en que podemos extender
nuestra mano a esta generación que parece perdida. Quisiera traer a la
mesa ideas que abrazan el llamado de “nueva evangelización” del Papa
Juan Pablo II. Espero ofrecer un entendimiento de ministro de jóvenes
que es comprensivo, emocionante y completamente dedicado a volver a
presentar los jóvenes a Jesucristo y a la mina de oro que es la Iglesia
Católica.
Y tal vez hasta podamos encontrar tiempo adicional para baloncesto y pizza.
Nolan Reynolds is the full-time Director of Youth Ministry at Our Lady of Mercy Parish in Hicksville, NY. He's also a part-time teacher of abstinence education with Long Island Teen Freedom and a grad-student at the Seminary of Immaculate Conception (Huntington, NY). He personally maintains the
”Rise of the TOB” blog which takes a look at life through the lens of Pope John Paul II's landmark teaching on human love and sexuality, Theology of the Body. An up and coming speaker, Nolan has a passion for leading teens closer to Christ and sharing with them the Catholic Church's unique insight on love, life, and sex. He lives with his wife Becky in Patchogue, NY.
Columnists /
youth ministry //
Search
// Submissions